¿Por qué las hermanas de la Cruz y Pasión? Reflexiones sobre una vida vivida…

Hermana Ann Rodgers, C.P.

Entré en la comunidad de las hermanas de la Santa Cruz y Pasión, en septiembre de 1966. Recuerdo las preguntas que la gente me hacía, “¿Por qué entras  en una comunidad con ese nombre?” Mi respuesta entonces fue, “Todo lo que sé es que al haberme encontrado con las hermanas en la parroquia donde crecí y viendo su espíritu, sentido de familia y apostolado sentí la atracción de considerar la vida con ellas como una opción para mi.” Entonces y ahora tengo la experiencia del llamado como hermana de la Cruz y Pasión, una invitación a estar en relación con un Dios que nos quiere tanto que envió a su hijo para darnos a conocer ese amor y testimoniar la esperanza de ese amor en un mundo que sufre.

Cuando ingresé, la comunidad estaba centrada en la educación. Todas nosotras tuvimos la oportunidad de terminar nuestra educación y acceder a una educación superior para así poder enseñar en los colegios parroquiales o diocesanos en los lugares donde nuestras hermanas tenían sus conventos. Siempre quise ser maestra, siendo la mayor de mi familia y queriendo instruir a otros en una educación básica como también en el conocimiento de Dios en sus vidas.

La Escuela de Prout

Con mi BA en educación y Teología tuve la oportunidad de enseñar en escuelas parroquiales en CT, NY y RI. Al tener un MA en Teología comencé trabajando en Prout High School en Wakefield, RI, un colegio construido y administrado por nuestras propias hermanas. Cuando llegué allí era un colegio sólo para niñas y fue en mis últimos dos años allí, que se realizó una transición a ser, primero, colegio, diocesano y luego “co-ed High School”

Al salir de Prout Memorial H.S. y en busca de otros desafíos realicé trabajo parroquial como Directora  de Educación Religiosa, en la Parroquia de San Francisco de Asís en Wakefield, RI. ¡Qué oportunidad! Caminar con los jóvenes y acompañar a sus padres en el programa de Educación religiosa, especialmente a nivel sacramental. Junto con esto tuve la alegría de tener una  llegada con los mayores en un programa semanal Comparte la Palabra…reflexionando con las lecturas del fin de semana siguiente y compartiendo la fe. Con el paso de los años en el apostolado parroquial, tuve la sensación de ser una con las familias, presenciando el bautismo de sus hijos, la recepción de la Primera Comunión y Confirmación. Los programas que cree, estaban florecientes y los padres comenzaron a estar cada vez más   interesados y de diversas maneras en la parroquia y en las clases de educación religiosa.

Durante ese tiempo también era parte de Equipo de Pastoral Vocacional de nuestra comunidad.

Fue una decisión difícil, realizada con un profundo discernimiento que me sacó del trabajo parroquial y me llevó a involucrarme en el trabajo con retiros espirituales en el  Centro Espiritual Nuestra  Señora del Calvario, Farmington CT.  donde he estado durante estos últimos 15 años. La invitación para ser parte de  la Pastoral de Retiros como también ser miembro de la comunidad que se formó para las jóvenes interesadas en ingresar en la comunidad de las Hermanas de la Cruz y Pasión, fue para mi algo nuevo.

El primer año – sintiendo que no sabía quien vendría cada fin de semana a hacer retiro- fue seguido por otros años donde reconocí caras y el espíritu de las mujeres que llegaban los fines de semana o en la mitad de la semana para días o tardes de reflexión.

Como algunas personas me pidieron que las acompañara en su proceso espiritual, sentí la necesidad de formarme en el arte de dirección espiritual.

Mi experiencia del Programa de Dirección Espiritual, en el Centro de las Misericordia, Madison, CT, fue una experiencia de crecimiento. Saber más de mí misma para poder hacerme presente a otros, añadido esto a la practica circular de la oración en la temática de los fines de semana, me habilitó para ser compañera con la  gente en su caminar con su Dios. Esa  experiencia viva ha crecido en mí y me ha hecho dar cuenta de cuán valiosos somos cada una de nosotras para Dios. También me ha ayudado a darme cuenta que Dios tiene un sentido del humor en la invitación a estar presente como el Dios-Vida en cada uno.

Nuestra Señora del Calvario, Centro de Retiros

Uno de los elementos que ha sido parte de mi propio camino espiritual es el don de la música. Aprendí algunos acordes con una de las hermanas de Chile, Sudamérica, que estaba en el noviciado conmigo. Recuerdo la sorpresa de ver sus dedos moverse en el cuello de la guitarra y pensar –¡OH, cuando pongo los dedos de esa manera es un acorde particular!- En los colegios primarios y secundarios, en el trabajo parroquial, y ahora en los retiros la música es un hilo que me ayuda a estar presente ante Dios y que me ayuda a llevar a otros a ver a Dios en sus propias vidas. El canto de Daniel Rose Dios es… comienza con estas palabras “Quieres conocerme…quieres ver mi rostro…” y continúa con estas líneas “Soy el comienzo en el fin…soy la fe en tu creer…soy el color de la verdad…soy el soñador de tus sueños…Soy el silencio en la música…soy la música en el silencio…”

Así que esta es mi vida…vivida como Hermana de la Cruz y Pasión. Con piedras y hoyos en el camino. Con pérdidas y experiencias hermosas al ganar nuevos amigos y nuevas miradas de mi misma, de los demás y de Dios.

¡Que Dios te bendiga en tu caminar y en el discernimiento del llamado de Dios en tu vida!

- Hermana Ann Rodgers, C.P.