Dirección

Nuestro Equipo de Liderazgo Congregacional

Hermana Maria Angélica Algorta, C.P.
Escribo estas líneas, desde la gratitud por todo lo que el Señor me ha regalado a lo largo de mi vida. Empiezo por el final. Desde hace casi un año, las hermanas reunidas en Asamblea me encomendaron a la tarea de animar la congregación.

Mi historia personal se entrelaza con la historia de mi país, Argentina y de mi continente, América Latina. Mis padres me regalaron una niñez y adolescencia muy feliz, fueron ellos quienes se preocuparon de educarme en la fe y formarme para la vida. Tuve la suerte de conocer a las hermanas pasionistas en el colegio donde me eduqué. Su cercanía y sencillez calaron fuerte en mí. Completé mis estudios en la universidad de los jesuitas en Buenos Aires, pero lo que más marcó mi vida fue la vida entre los pobres y lo que ellos me fueron enseñando.

Mi vida religiosa estuvo marcada por el Concilio Vaticano II y por Medellín. Este último me abrió la mente y el corazón a una realidad que más adelante fue orientando cada una de mis opciones personales y comunitarias. “La miseria que margina a grandes grupos humanos, una miseria que clama al cielo” y más adelante la certeza de “Que otro mundo es posible”.

Distintas experiencias fueron marcando mi vida y fortaleciéndome en el camino. Menciono una. En el año 76, año del martirio de Monseñor Angelelli, nuestra comunidad fue perseguida y amenazada por los militares en el poder, solamente por nuestra cercanía a los pobres. De esto sólo nos quedó permanecer y asumir los riesgos o irnos. Esta fue la experiencia de que el amor es más fuerte que el miedo.
Vivir entre los pobres me llevó a Moreno, Boulogne, Zárate, Rincón, en la provincia de Buenos Aires. A Córdoba y Santiago del Estero en el interior del país. Estos fueron hitos de un caminar, entre luces y sombras, entre dudas y certezas, entre la inseguridad del camino y la seguridad de que Dios está.

Hermana Rosaleen Murray, C.P.
Mi nombre es Rosaleen Murray y nací en Belfast, Irlanda del Norte. Conocí por primera vez a las Hermanas de la Santa Cruz y Pasión cuando tenía cuatro años e ingresé al colegio primario para mujeres St. Matthew’s donde ellas enseñaban. Las encontré cálidas, consecuentes, personas en quienes uno podía apoyarse, y llenas de compasión. Yo experimenté esto en carne propia cuando tenía ocho años y murió mi padre.

Desde que me uní a la Congregación trabajé en diversas áreas: como maestra de inglés, trabajé en la parroquia, trabajé con grupos de jóvenes, en el desarrollo de la comunidad, trabajé como directora de un proyecto de una ONG… lo que fuera que el camino me pidiera, supongo. Esto sucedió en Dublín, Irlanda; en Lima, Perú; Manchester, Inglaterra; y en Bosnia Herzegovina donde actualmente trabajo en el proyecto de un hospicio. Cada uno de estos apostolados me enseñó algo diferente.
De no haberme convertido en una Hermana, dudo que hubiera vivido en estos lugares, pero el serlo ha nutrido mi llamado a la misión.

Lo que más amo de ser una Hermana de la Santa Cruz y Pasión es ser parte de un grupo de mujeres comprometidas, que tienen un sentido de lealtad unas para con las otras, que tienen sentido en sus vidas, esperanza y fe en el amor de Dios, y son fortalecidas por el espíritu Pasionista. Este sentido de pertenencia me ha inspirado y me ha animado durante toda mi vida a responder a cualquier desafío que se cruzara en mi camino. Ser parte del Equipo de Liderazgo Congregacional es, para mi, parte de este camino.

Hermana Anne Cullitan, C.P.
Nací en Dublín, Irlanda y me eduqué con las Hnas. de la Presentación. Sin embargo, como vivía toda mi infancia y juventud en la parroquia Pasionista de Mount Argus, sentía una atracción especial por el Carisma de la Congregación. Aún siendo adolescente, me inspiraba a conocerlo más. Por eso, no es de extrañar que decidí entrar con las hermanas de la Santa Cruz y Pasión. Hice mi noviciado en Dublín y después fui a la universidad en Inglaterra donde estudié geografía. Durante cuatro años hice clases en un colegio en Bolton.

Llegando a formar parte de la Provincia de San Gabriel significó un hito muy importante en mi vida y, sin darme cuenta, fue lo que más me ayudó a ser la Pasionista que soy. Después de pasar 42 años en America Latina (2 en Argentina y el resto en Chile) puedo decir que es el lugar donde pude profundizar nuestra Espiritualidad Pasionista en mi vida personal y al mismo tiempo experimentar el gozo de ver a tantos otros hacerla suya.

Gran parte de mi ministerio ha sido dentro del rubro de la educación, en la sala de clases y como directora en dos de nuestros colegios. Sin embargo durante muchos años he estado involucrado en los retiros Pasionistas y la formación de comunidades de base. Compartiendo nuestra espiritualidad con hombres y mujeres que están buscando una manera de dar sentido a su dolor y sufrimiento; viendo como el Misterio Pascual les da esperanza y fortaleza en medio de sus luchas: creciendo al lado de cada uno de ellos, ha sido para mí una experiencia muy enriquecedora, y me considero privilegiada de ser compañera de ruta con ellos.

En este momento de mi vida he sido llamado a servir a la Congregación de una manera diferente. Como miembro del ELC tengo la oportunidad de ampliar mi horizonte y así conocer más a las hermanas y sus ministerios. Estoy muy conciente de todo lo que he recibido y de la importancia de seguir el trabajo hecho por tantas hermanas que han tocado mi vida de diversas maneras. Espero poder contribuir a alentar la unidad y la comunicación, para así llegar a “convertirnos en una presencia más significativa para cada una y para el mundo”. (Pasionistas para la vida).

Hermana Elissa Rinere, C.P.
Soy de Nueva York, nacida en Brooklyn.   Por alguna razón esa frase explica una parte importante de quien soy.   Siendo nativa de Nueva Cork significa que me encantan las ciudades grandes, muchas ideas y actividades, museos, música y bibliotecas.   Mi vida en nuestra comunidad ha, en algún momento, incluído todas estas cosas y mucho más.

Vaticano 11 y, como consecuencia la renovación de la Iglesia y la Vida Religiosa, han sido de mucha importancia para mí.   Un compromiso profundo con la Iglesia y el pueblo de Dios y el empoderamiento de los bautizados, han dado forma a mi educación y ministerio.

Ahora, como miembro del equipo de liderazgo Congregacional, tengo la oportunidad de entender las distintas culturas donde viven y trabajan nuestras hermanas.   Las responsabilidades y las oportunidades que me proporciona el liderazgo son emocionantes e irresistibles.

Hermana Moya O’Cleary, C.P.
Me llamo/Soy Moya (la forma inglesa de Maire) y pertenezco a la Provincia de San Pablo de nuestra Congregación.  Actualmente formo parte del Equipo Central de Liderazgo de la Congregación.

Nací en Belfast en 1935 pero, por causa de los terribles bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial, tuvimos que salir de nuestro hogar en 1940 para ir a vivir en el pueblito de Carnlough.  Nos quedamos allí durante 7 años para luego partir al pueblo de Ballycastle, ubicado al lado del mar. Una de las consecuecias de esto era que recibí me educación secundaria a las manos de las Hermanas Pasionistas allí y por ende, al sentir que el Señor me llamaba a la Vida Religiosa, lo más natural era que eligiera a nuestra Congregación.  Durante todos mis años en el Colegio jamás escuché las palabras “Carisma” ni “Espiritualidad Pasionista”, pero de alguna manera nos empapamos con el espíritu de todo esto y La Pasión siempre significaba mucho para mí.  No era de aquellas que siempre tuvieron la idea de ser Religiosa, al contrario, me resistí al llamado, sin embargo, al terminar el colegio, entré en el noviciado pasionista en Dublín, donde luego hice los votos en 1956.

Desde ese entonces me he involucrado en varios ministerios: Educación, Formación, Pastoral Parroquial, (majormente en el área de la planificación de catechesis para padres,) Retiros, Liderazgo (a distinto niveles), y la Atención Pastoral de nuestras Hermanas ancianas y/o enfermas. Majormente he vivido y trabajado en Inglaterra – Liverpool, Bradford e Ilkley – aunque empecé mi carrera como profesora en Escocia y la terminé en Irlanda del Norte.

Como mencioné arriba, aunque actualmente mi ministerio primario es el de ser miembro de nuestro Equipo de Liderazgo Congregacional, sin embargo sigo con mi ministerio para con nuestras Hermanas ancianas y enfermas, en una de nuestras casas, Elmleigh, Ilkley, que es dedicada a la atención de nuestras Hermanas en Inglaterra.  En este país, como en Irlanda, las personas mayores forman un grupo a la vez marginalizado y vulnerable, sin posibilidad alguna de luchar para si mismo.  Es por eso que veo a mi Ministerio aquí como atestiguar en contra de aquellos en la sociedad que evalúan a todo, incluyendo a las personas, solamente según su utilidad.  Además, como vivo muy cerca a The Briery, una de nuestras Casas de Retiros, me es posible contribuir en algo a este apostolado:  formo parte de su Consejo de Administración y ayudo en los Retiros Dirigdos cuando sea necesario.

Todos mis apostolados me han llenado y a pesar de los altibajos normales, me he sentido feliz en las comunidades donde me ha tocado vivir, pero tal vez lo que se me destaca es el tiempo que pasé en Drumalis, Larne, donde enseñé en el Colegio Secundaria del lugar y, durante los fines de semana, tomé contacto con los que venían a hacer retiro, especialmente con aquellos procedientes de las parroquias más pobres de Belfast.

Los nueve años en Larne co-incidían con “Los Conflictos”, con la Huelga de los Trabajadores de Ulster y sus consecuencias y, más tarde, con La Huelga de Hambre.  Eran tiempos muy tensos y peligrosos especialmente para los Católicos en Larne.  En varias ocasiones un pariente cercano de los alumnos fue matado, o a balazos o por la explosión de una bomba, y muchas familias tuvieron que salir de sus hogares por miedo.  La enseñanza tomaba una perspectiva distinta, tratar de identificarme con los que sufrían al mismo tiempo que apoyar a las iniciativas de paz que empezaban a brotar no era fácil.  Luego en los fines de semana en la Casa de Retiros, “Escuchar” llegó a ser un ministerio de suma importancía cuando las mujeres de Belfast compartían sus historias tan dolorosas,  Drumalis llegó a ser una verdadera oasis para ellas en aquellos tiempos.

Muy a menudo me sentía impotente frente a tanto dolor, sufrimiento y tragedia; además, había algo más que inquietante en enfrentarlo en medio de tanta belleza natural, pero al mismo tiempo sentiá que el haber tenido esta experiencía era un privilegio.  Por lo menos, sentimos que, como comunidad, eramos solidarias con la gente y que nuestro carisma era verdaderamente vivo.

Hubo otros momentos claves en mi vida:

  • El solo hecho de ser Religiosa en los años post Vaticano II con el énfasís puesto en la renovación y el volver a nuestras raíces, era algo emocionante.  Tuve la oportunidad de estudiar Las Escrituras y La Teología justo cuando por primera vez, la riqueza de la Biblia se abrió en toda su plenitud a la Iglesia y cuando, además, se investigaron distintos modelos de ser Iglesia. Se introdujeron las reformas litúrgicas y el Movimiento Catequistico que también iba emergiendo fue muy bien recibido por esa profesora joven que era yo, sin mucha experiencia, salvo la del Catecismo y de la Apologética.
  • Los distintos Capítulos – donde luchamos para salir del modelo monástico de la Vida Religiosa, para hacer que nuestras vidas y nuestros minsterios tuvieran más relación con las necesidades de la sociedad actual y para hacer la opción por los Pobres. Por supuesto, esto es algo que continúa; el Señor siempre nos sigue llamando a tomar otro paso adelante, como se enfatizó en nuestra Asamblea Congregacional del año pasado.
  • La oportunidad que me dió al principio de los años ochenta para seguir un Curso de Espiritualidad de 3 meses como parte de mi preparación para trabajar en la Formación, me ayudó a entender la importancia de una Espiritualidad holística donde siempre tienen que estar integradas la Vida, el Ministerio y la Oración.  Ahora aprecio mucho más las distintas maneras de encontrar al Señor, como también la necesidad de llevar una vida reflexiva.
  • Moviendo de un lugar para otro y de un Ministerio para otro, siempre han sido para mí momentos claves en el sentido de que, por lo general, han sido experiencias del Misterio Pascal – el dolor de dejar atrás algo familiar y agradable para ir al encuentro de lo desconocido con la sensación de inseguridad que esto trae.  Por suerte, al mirar hacía atrás, casi siempre puedo ver el porqué de estos cambios y ver cómo la mano del Señor era siempre presente, no sólo para sostenerme sino también para abrir nuevos horizontes y nuevas oportunidades para crecer.

Y mi camino continúa mientras el Señor me sigue llamando en estos tiempos tan criticós para nuestro mundo y para nuestra Congregación.  Hace poco tiempo atrás en nuestra reunión en Chile sobre Vocaciones sentimos una gran esperanza para el futuro de nuestra Congregación si estamos dispuestas a acoger a JPIC como nuestro empujón general y a entrar en un proceso de conversión. Darme cuenta que mi compromiso personal a esto es vital, viene a ser otro momento clave en mi vida.